Comunicado institucional
“Los tiempos de las niñeces y adolescencias no son los tiempos de la política”
Desde nuestra labor profesional cotidiana, quienes intervenimos en el campo de la promoción y protección integral de derechos nos enfrentamos a situaciones complejas de vulneración, a familias atravesadas por la pobreza, la exclusión social y diversas formas de violencia.
En este contexto, las medidas de protección y los procesos de revinculación deben estar sustentados en evaluaciones profesionales rigurosas, intervenciones interdisciplinarias, acompañamientos territoriales y, fundamentalmente, en el respeto por los tiempos, las necesidades y el interés superior de cada niñez y adolescencia.
Una revinculación no es un trámite que pueda acelerarse en función de presiones, intereses o urgencias políticas. Si una niñez o adolescencia fue separada de su ámbito familiar, es porque previamente se identificaron situaciones que implicaron una vulneración de derechos y que requirieron la intervención del sistema de protección.
Por ello, los procesos de revinculación no pueden estar determinados por la urgencia de los adultos. Deben desarrollarse cuando existan condiciones adecuadas y seguras, se hayan cumplido las pautas y objetivos establecidos por los equipos intervinientes y, especialmente, cuando se haya garantizado el derecho de las niñeces y adolescencias a ser escuchadas y a que sus opiniones sean debidamente consideradas.
Las niñeces y adolescencias tienen derecho a la intimidad, a no ser revictimizadas, a vivir libres de toda forma de violencia y a que su interés superior prevalezca por sobre cualquier interés, urgencia o necesidad sin una perspectiva adultocentrica.
Los procesos de protección integral de derechos requieren responsabilidad institucional, confidencialidad, profesionalismo, políticas públicas sostenidas y equipos especializados. No necesitan presión política ni exposición pública de las situaciones particulares que atraviesan las familias.
Como colectivo profesional, consideramos necesario señalar que quienes intervenimos en estos procesos contamos con formación, experiencia y experticia específica en el campo profesional. Conocemos las complejidades de las situaciones familiares y territoriales y sabemos que las intervenciones requieren tiempos adecuados, evaluación permanente, escucha y acompañamiento profesional.
Si quienes ejercen responsabilidades políticas manifiestan preocupación por los procesos de revinculación y por los derechos de las niñeces y adolescencias, esperamos que esa preocupación se traduzca en decisiones concretas, políticas públicas y recursos que permitan generar mejores condiciones de vida para nuestra provincia.
Es responsabilidad de quienes ocupan cargos de representación política garantizar y fortalecer:
- La inversión necesaria para contar con equipos profesionales especializados que acompañen los procesos de protección integral.
- Instituciones adecuadamente equipadas, fortalecidas y en pleno funcionamiento.
- Planes, programas y proyectos que destinen recursos suficientes a las poblaciones en situación de vulnerabilidad.
- Políticas públicas que mejoren las condiciones materiales y sociales de vida de las familias.
- El acceso efectivo a la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, la seguridad social y las políticas de discapacidad.
- Sistemas de protección integral capaces de responder de manera oportuna, sostenida y respetuosa de los derechos.
Nuestras familias no necesitan un reel. Necesitan viviendas, trabajo, salarios dignos, acceso a la salud y la educación, políticas de discapacidad, acompañamientos profesionales y recursos que permitan construir proyectos propios de vida dignos.
Como Colegio Profesional, repudiamos el uso de las situaciones de vulnerabilidad de las niñeces, adolescencias y familias con fines de exposición pública, rédito político o campaña electoral.
Las situaciones de vulneración de derechos no pueden convertirse en contenido para las redes sociales.
Las historias de vida de las familias no pueden ser utilizadas como escenario político.
Los procesos de revinculación no pueden quedar sujetos a las urgencias ni a las necesidades de las personas adultas.
Los tiempos de las niñeces y adolescencias no son los tiempos de la política.
Quienes ejercemos el Trabajo Social estamos y seguiremos estando, desde nuestra responsabilidad profesional y nuestro compromiso ético, al lado para acompañar y hacer efectivo el acceso a sus derechos.
Presentación de experiencia · Jornadas de Trabajo Social
“Ronda de Mujeres: Cre-Siendo en Redes”
La “Ronda de Mujeres: Cre-Siendo en Redes” es un espacio de modalidad taller que iniciamos con un grupo de mujeres madres del jardín gracias a distintos aspectos que se conjugaron, tanto a nivel de Equipos como del contexto en el cual se insertan las instituciones a las cuales pertenecemos:
Decimos a nivel de Equipos reconociendo que:
La experiencia como Equipo Interdisciplinario de Gabinete en la institución escolar y la autocrítica, nos llevaron a evaluar que con ciertas intervenciones familiares “estaba faltando algo”, entendiendo que los abordajes no lograban dar respuesta a la complejidad, cada vez mayor, de las problemáticas sociales. Situaciones de violencias de género y violencias hacia las infancias; violencias sexuales; referentes parentales en situación de privación de la libertad; madres como únicas referentes familiares; falta de espacios de socialización, de redes familiares y de contención; desarraigo; inhibición e introversión; condiciones de inestabilidad, precariedad laboral y/o desempleo; madres que desde el horario de ingreso esperan en soledad en las inmediaciones del jardín al momento de salida de sus hijos e hijas; entre otras, se nos presentan cotidianamente.
El conocimiento, la implicación y la corresponsabilidad en relación a las situaciones que atraviesan éstas mujeres y sus grupos familiares nuevamente nos lleva a reflexionar cómo trabajar con ellas y lograr acompañarlas más integralmente.
Decimos en el entorno reconociendo:
La conformación de la Mesa de Trabajo Interinstitucional de la Zona Norte como un espacio de encuentro en el que confluimos distintas instituciones/organizaciones que trabajamos con las familias de la zona. Esta mesa se reúne mensualmente desde inicios del año 2024 con la finalidad de reflexionar sobre nuestras acciones y construir nuevos modos de intervenir, intentando que sean más cercanos y oportunos a las particularidades de las poblaciones con las que trabajamos. Inicialmente realizamos un diagnóstico participativo identificando las problemáticas que atraviesan las familias y a partir de allí realizamos algunas propuestas de intervención, entre las cuales se encuentra la experiencia que hoy presentamos.
La Ronda de Mujeres es sostenida de manera conjunta entre ambos Equipos; inicialmente por Trabajadora Social y Psicopedagoga del Jardín, y Trabajadora Social del CAPS, para luego contar también con el apoyo de otras profesionales y no profesionales de ambas instituciones.
Desde nuestro campo de conocimiento y abordaje, entendemos a las intervenciones profesionales como una particular “forma de encuentro, diálogo y transformación a través del sistema de protección que posee una sociedad. Esto es, instituciones, políticas, planes y programas que en la singularidad de cada situación tendrán algún tipo de expresión” (Carballeda, 2012, p.1). Por ello, nuestras prácticas en la Ronda de Mujeres se orientan y entrelazan con lo establecido en el sistema normativo, incluída nuestra Ley Federal de Trabajo Social, y con el marco conceptual desde el cual nos posicionamos: la perspectiva de género, el Paradigma de Derechos Humanos, la salud comunitaria y la intersectorialidad, todo lo cual imprime “cierta singularidad a la aplicación de las políticas públicas, (...) en un contexto donde se ve la necesidad de transversalidad e integración de las mismas”. (Carballeda, 2008, p.8).
En términos de Alfredo Carballeda (2008, p. 9): “un abordaje transversal desde las políticas públicas requiere de una aproximación al conjunto de problemas, necesidades, padecimientos y expectativas experimentados por una persona. Surge entonces (...) la importancia de acceder a la trayectoria, historia de vida, potencialidades y perspectivas del sujeto”. Así, la intervención en lo social se presenta como un instrumento de transformación, ya que, por un lado, posibilita trabajar en circunstancias concretas; y, por otro lado, permite articular y generar puentes entre diferentes posicionamientos, campos disciplinares y actores/as institucionales.
El proyecto tiene como objetivo general construir una red de apoyo y socialización, a los fines de que cada una de las participantes pueda encontrar un espacio de contención, escucha y acompañamiento para compartir sus sentimientos y vivencias.
Los objetivos específicos que nos propusimos son:
- Garantizar un espacio de cuidado para el grupo de mujeres-madres de infancias que concurren al jardín, en el tiempo de espera existente entre el inicio y finalización de la jornada escolar de sus hijos/as.
- Promover la reflexión conjunta sobre distintos ejes/temáticas/problemáticas que afectan su salud integral como mujeres, a través de los diversos encuentros.
- Estimular el autoconocimiento de cada una de las participantes, de manera que puedan identificar sus características, deseos, debilidades y fortalezas, posibilitando su protagonismo y toma de decisiones.
En el espacio, entonces, nos pareció primordial la necesidad de recuperar su “ser mujeres”. Al respecto, Liliana Hendel (2016) menciona que “hay una profunda violencia simbólica en el supuesto de una mujer que, puesta a maternar, desaparece, se diluye en la función de madre”. (p. 216).
Considerando estos objetivos, entendemos que en el transcurso de las Rondas las participantes han sido y se han sentido comprendidas en lo abrumador e interminable de las tareas domésticas, en el cansancio y agotamiento que las mismas generan, y también en su intención de hacer y brindar “lo mejor que pueden”, poniendo en valor sus propios logros y posibilidades. A través de la recuperación de sus discursos, entendemos que la esencia de la Ronda radica también en poder reflexionar crítica y colectivamente sobre cómo la maternidad impacta en nuestras subjetividades, y en cómo las expectativas sociales atraviesan al género femenino, dando como resultado una presión constante que nos lleva a buscar satisfacer lo que se espera de nosotras. Esto, con la finalidad última de generar “incomodidad” en las participantes, propiciando las transformaciones, movimientos y/o cambios que ellas mismas consideren necesarios en sus vínculos, posicionamientos y prácticas.
Para dar sustento teórico al impacto de las expectativas y roles sociales en las maternidades, resultan clarificadoras las palabras de Valeria Llobet (2020) cuando menciona que “la moralización y maternalización de las nociones de cuidados que se asocian a la protección de derechos de la niñez re-privatizan el cuidado y con ello contribuyen a la reproducción de jerarquías y desigualdades” (s/n). La misma autora, parafraseando a Nancy Fraser, afirma que el capitalismo ha promovido la “desinversión estatal en la protección social a través de la externalización del cuidado de las infancias en las familias, a la vez que ha reducido sus posibilidades de cumplir con ello” (s/n).
Como equipo de trabajo, construimos esta intervención interinstitucional desde la metodología cualitativa. Por un lado, por el valor e importancia que imprimimos a la particularidad de cada situación. Por otro lado, por el propio reconocimiento como parte involucrada en las realidades de abordaje. Y, finalmente, porque el proyecto no fue planificado en base a una actividad o temática específica, ni con un plazo de duración determinado, sino que lo construimos colectivamente con las participantes, semana tras semana, potenciando las posibilidades de apertura y flexibilidad que ofrece dicha metodología.
En lo que refiere a nuestro campo de acción, por un lado, situamos esta experiencia en el marco del Sistema de Protección Integral de Derechos de Niños, Niñas, Adolescentes y sus Familias, establecido en la Ley N° 26.061 y la Ley N° 521, tomando como eje el principio de corresponsabilidad, en tanto agentes del Estado. En tal sentido, destacamos la trascendencia de los aspectos favorecedores de las prácticas corresponsables, todos los cuales ponen en el centro de la escena a las personas y las empodera. En la experiencia de la Ronda de Mujeres, las acompañamos a repensar su rol femenino y materno, a modificar prácticas en algunos casos y a hacerse preguntas en otros; generamos momentos de reflexión que permitieron pensar sus propias crianzas y las de sus hijos e hijas. No obstante la “concertación articulada de acciones” (art. 32, Ley 26.061) que debemos llevar a cabo desde las familias, la sociedad y el Estado de manera co-responsable para garantizar los derechos, reivindicamos el rol de aquel último como principal garante para asegurar condiciones que permitan a las familias y la sociedad cumplir con sus roles de modo efectivo. Sostenemos esto más firmemente aún en el momento que transitamos, atravesado por una profunda crisis social, por el desmantelamiento del Estado, por el cierre constante de las instituciones que tienden a garantizar derechos, por la escasez de recursos de todo tipo.
Por otro lado, también situamos esta experiencia desde la Salud Comunitaria, como un espacio de construcción conjunta de nuestra salud personal y colectiva que ocurre en un territorio determinado. En este sentido recuperamos el planteo realizado por Carballeda cuando enuncia que el enfoque de Derechos posibilita el abordaje transversal de las problemáticas sociales complejas. Nos permite incorporar la noción de responsabilidad, donde el Derecho implica una responsabilidad de integración, no de obligación ligada a lo punitivo. Por ello, entendemos que esta experiencia apoya y promueve la reconstrucción de los lazos sociales en términos de reciprocidad, integración, identidad, respeto y pertenencia, que, en tiempos como los que vivimos, resulta indispensable.
En relación a los resultados obtenidos, podemos afirmar que, pese a ciertos condicionantes que fueron surgiendo durante el periodo en el que llevamos a cabo el proyecto, las mujeres participantes continuaron concurriendo a los encuentros, lo que denota su sentido de pertenencia. Además, observamos cotidianamente las modificaciones ocurridas en los vínculos entre ellas: ya no esperan en soledad al momento de egreso de sus hijos/as, sino que se acompañan a realizar trámites o aguardan juntas en la sala de espera del CAPS; se visitan en sus hogares; por sólo citar algunos ejemplos. Estos resultados son vitales al contrastarlos con sus vivencias personales previas, quienes, en muchos casos, se encontraban en soledad, sintiéndose inhibidas, sin redes de contención y padeciendo o habiendo padecido alguna forma de violencia. Al reflexionar que “el aislamiento es indispensable para que la subordinación sea efectiva” (Hendel, 2016, p. 206) en las situaciones de violencias de género, encontramos un contrapeso importante a su producción y reproducción. Por otro lado, también vislumbramos nuevos posicionamientos en ellas: comienzan a participar más activamente del espacio, permitiéndonos oír sus voces, empatizar, contener y acompañar sus procesos.
En cuanto a las reflexiones que pudimos construir desde nuestro campo disciplinar, el Trabajo Social, destacamos la importancia de las modalidades de intervención autoconvocadas y autogestivas de quienes habitan las instituciones; así como de las posibilidades de encuentro, de mirada, de diálogo y de escucha atenta. Es decir, las respuestas que como profesionales del Trabajo Social encontramos a la complejidad actual, aparecen en las personas, entendidas como protagonistas y como agentes de transformación. Porque, así como pensamos en nuestras intervenciones desde las posibilidades de cambio de los/as sujetos/as, quizá acudamos a algunos desafíos como profesionales. Por un lado, el de pensar críticamente nuestros posicionamientos ético-políticos, habilitando la posibilidad de pausar y reflexionar sobre nuestras prácticas cuando sea necesario. Por otro lado, el desafío de buscar nuevas formas y modalidades en la aplicación de las políticas públicas, que habiliten la superación de las contradicciones y dicotomías existentes entre las normativas y las prácticas, que permitan generar intervenciones transformadoras, pero esta vez al interior de nuestras instituciones y en nuestro trabajo intersectorial. Frente a ello, la creatividad, la construcción conjunta, el trabajo codo a codo con el/la otro/a, el hacer comunidad, poniendo en acción al cuerpo y a la reflexividad, aparecen como condiciones necesarias para lograrlo.
Para ir finalizando, sostenemos que esta Ronda también ha cumplido la función de ser refugio construido colectivamente frente al desamparo en el cual nos encontramos hoy como sociedad. Decimos desamparo y hacemos referencia a aquellas situaciones que se producen de hecho, que nos dejan a la deriva, a causa del incumplimiento o el inadecuado ejercicio de los deberes de protección establecidos por las leyes y que son una responsabilidad prioritariamente estatal. En este contexto hostil, incierto, de profunda crisis social, nos propusimos construir un refugio, un espacio de cuidado, respeto y ayuda mutua, como respuesta frente a los riesgos para nuestra salud. Porque armar y/o rearmar la red de contención, crear y/o fortalecer vínculos, juntarnos, compartirnos, hablar de lo que nos pasa y fundamentalmente darnos cuenta de que no estamos solas impacta positivamente en nuestra salud e integralidad. Mucho más aún en territorios como el que habitamos, en los que las migraciones y el desarraigo, con todo lo que engloban, nos atraviesan profundamente.
Hacemos mención que hoy, los equipos que conformamos nos encontramos repensando la manera en la que daremos continuidad a nuestra Ronda y a nuestra Mesa Interinstitucional el año próximo. Reconocemos las mismas ganas que a comienzos del 2024, pero habiendo transitado las experiencias que acabamos de compartir con ustedes, estamos aún más convencidas del valor, la potencialidad y las posibilidades que traen aparejadas la construcción de redes sociales y el trabajo en comunidad.
Ronda de Mujeres que giran, que bailan, conversan sin parar
Ronda que se afirma en los pies de los barrios altos, los Morros y San Vicente frente a la mar
Ronda que gira abrazada por tres miradas sinérgicas:
Derechos Humanos,
Género y
Salud Comunitaria
Ronda que crece y se achica
Que es fuego y nieve
Ronda que aprende a seguir el tiempo de los mates compartidos
Y en ronda ahuyenta el aislamiento
Ronda de caricias, masajes, danzas y encuentros que transforman la vida cotidiana
La tuya,
La nuestra,
La del jardín y
La del CAPS
Ronda que gira hacia adentro y se expande e invita
Ronda que abraza y contiene
Que es pañuelo de lágrimas de bronca, dolor, miedos y tristezas
Pero también es risa compartida y carcajada extenuante
Ronda que es refugio
Que gira
Y camina precisa, con esperanza
Ronda que baila la vida enamorada y enamora...
Y es desde ahí que cuida, materna y confía.
Bibliografía
- Byung-Chul Han (2024). “El espíritu de la esperanza contra la sociedad del miedo”. Imágenes de Anselm Kiefer. Traducción Alberto Ciria. Herder Editorial S.L. Barcelona.
- Carballeda, Alfredo J.M. (2012). “La intervención del Trabajo Social en el campo de la Salud Mental. Algunos interrogantes y perspectivas”. Revista Margen. Ed. N° 65. Recuperado de: margen.org
- Carballeda, Alfredo J.M. (2008). “Problemáticas sociales complejas y Políticas Públicas”. Recuperado de: scielo.org.co
- Carballeda, Alfredo J.M. “La escucha como proceso. Una perspectiva desde la intervención social”. Recuperado de: edumargen.org
- Carballeda, Alfredo (2012). “La intervención en lo social como proceso”. Editorial Espacio. Buenos Aires.
- Cazzaniga, Susana (2015). “Trabajo social: entre diferencias y potencialidades”. Revista Tendencias & Retos. Vol. 20, Nº. 1, págs. 93-104.
- Hendel, Liliana (2016). Violencias de género, las mentiras del patriarcado. Buenos Aires. Editorial Paidós.
- Kleba Lisboa, Teresa (2013). “Políticas Públicas con transversalidad de género. Rescatando la interseccionalidad, la intersectorialidad y la interdisciplinariedad en el Trabajo Social”. Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil.
- Ley Federal N° 27.072 de Trabajo Social (2014).
- Ley Nacional N° 26.061 de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes (2005).
- Ley Provincial N° 521 de protección integral de los derechos de niños, niñas, adolescentes y sus familias (2000).
- Llobet, Valeria (2020). Las regulaciones del cuidado y los derechos de niños y niñas. Un debate situado. LICH-CONICET; CEDESI-EH, UNSAM. En prensa en Rabello de Castro, Lucía (coord.): “Infancias do sul”, EDUFBA.